Desde los diarios españoles nos enteramos que un ex guerrillero uruguayo ha ganada las elecciones. O que un tal Porfirio Lobo es el nuevo y flamante presidente de Honduras. La perspectiva de análisis de los acontecimientos que se suceden en América Latina parece el mismo. Hay unos tíos malos malísimos y otros malos buenísimos y se están de aquí para allá, esperando alcanzar cotas más altas de desarrollo capitalista para poder hacer frente a las potencias europeas y su libre mercado. Hemos de suponer pues que Evo Morales es el Cromwell boliviano, acabando con la monarquía oligárquica, o Brasil está a punto de descubrir las ventajas del textil y el carbón y sus posibilidades de plusvalía y explotación. Claro que para ello habría que descubrir una nueva América o Huguérica (si la descubre Chávez) a la que explotar y sobre la cual basar el modelo de crecimiento y expansión imperial de la nueva América Latína. Pero claro esto sigue la misma dinámica, porque al mismo tiempo Europa y Estados Unidos siguen avanzando, con lo que mantienen su posición preferente en las relaciones con la viejas colonias de ultramar.
Otra más que posible alternativa, o lectura de la situación política, o geopolítica de Latinoamérica se da en clave de dependencia. Las antiguas colonias americanas no están imitando un proceso de desarrollo al estilo europeo, cada cual con sus circunstancias y su historia de dominación y rebelión particular ha alcanzado una configuración política específica, las fuerzas que se mueven en la dinámica de centro, periferia y semiperiferia, las ubican en uno u otro lugar (en el caso latinoamericano en la periferia y la semiperiferia). Así las respectivas apuestas de Uruguay y Honduras respectivamente responden a las necesidades locales periféricas, afectadas por las pequeñas potencias, o colosos que ejercen fuerza en América Latina (principalmente el olímpico Brasil y en cierto grado Venezuela y como siempre Estados Unidos). Porque el juego del reparto político tanto allí como en todo el mundo se da en clave geográfica.
Los análisis del sistema mundo, como los que hace Wallerstein, indican que las potencias hegemónicas son eso, hegemónicas y el vehículo de mantenimiento de esa hegemonía es el liderazgo en defensa, lo que se traduce en capacidad de destrucción, y la administración de la dependencia de otros países. Esto no permite comprender como, y no por casualidad Estados Unidos ha puesto y depuesto presidente a lo largo de Latinoamérica a punta de golpes de Estado. Sin embargo la elección de presidente como Mujica en Uruguay nos establecen un eje geográfica específico Montevideo-La Paz-Brasilia- Caracas (Brasil tiene un carácter más híbrido pero de apoyo al frente de izquierda) frente a otro Bogotá-Tegucigalpa-Washington, defendiendo los intereses imperiales de los norteamericanos. Estos ejes no sólo definen los frentes de batalla política en América, evidencian la pérdida de hegemonía por parte de Estados Unidos y la necesidad de conseguir aliados (casualmente todos cerca geográficamente de Venezuela). Aparentemente Brasil y Venezuela amenazan la “estabilidad” en la zona. Si a eso le sumamos el crecimiento económico de China, la unificación de Europa y la proliferación de economías hasta ahora sumergidas como la India, tenemos como resultado pérdida de peso relativo de Estados Unidos. La política internacional de la administración Bush ayudó mucho a esta pérdida que se viene engendrando desde finales de la guerra fría cuando ya no hay guerra que pelear ni enemigo al que batir ni arma de destrucción masiva que conquistar en nombre de la democracia, hasta que apareció Sadam.
Las cosas van cambiando. Pero no como nos gustaría. A pesar de que Europa no puede hacer uso de sus colonias para vender esclavos africanos y obtener los productos textiles que engrandezcan el imperio, seguimos en un modelo capitalista basado en la acumulación de capital. Acumulación camaleónica que es capaz de mostrarse como proceso de colonización, de industrialización o de postmodernidad, pero siempre capaz de acumular más y más beneficios, cosificando al obrero y engordando a patrón. No son muy diferentes las formas de explotación colonial que industriales, el obrero y sus condiciones (sindicatos, movilizaciones, etc.) nacen en la era industrial, sin embargo el proceso resultado de la actividad laboral misma no ha cambiado desde los inicios del colonialismo. En América Latina las explotaciones y yacimientos de minas de oro y plata en el siglo XVI mantenían a los indios y esclavos bajo las órdenes del yugo español o portugués, o lo que es peor a las órdenes de ese criollo aburguesado enamorado del brillo del oro en la prendas de los colonos.
Hoy esto pasa en la fábrica, el obrero ya no es lo que era, ahora parece “gozar” de libertades sindicales y condiciones de trabajo más flexibles (gracias entre otras cosas la flexibilidad del mercado de trabajo y la femenización del mismo) y beneficios personales. Cuando en realidad sigue manteniendo la máquina bien engrasada a ritmos trepidantes, con pequeños destellos de poder al asociarse y vuelta a empezar, “un culo, una pieza”, no hay más.
Ya no sufrimos el hermetismo fordista de producción. El postfordismo ha interpretado las claves de distribución del trabajo en función, ya no al nivel de producción, sino al nivel de beneficio de la misma. No importa las horas de trabajo que eches, sino el proceso cognositivo asociado a las mismas. El trabajo de un alto ejecutivo no está mejor pagado en función que haga más horas, sino en el conocimiento asociado a sus funciones y la capacidad que tiene el patrón (porque hasta ellos tienen patrón) de rentabilizar una y otra vez esas ideas, ese conocimiento, sin necesidad que el obrero/ejecutivo, se mantenga allí echando más horas. Las paredes del obrero ecuatoriano son sólo paredes, se venderán al 1000% de lo que han costado, pero sólo una vez, las ideas del ejecutivo no paran de venderse, notarios, patentes, firmas, marketing, toda una fabrica preparada para sacar adelante el producto, se materializan las ideas, se venden y revenden, beneficio y beneficio, mientras el autor contento porque tiene tiempo para gozar.
De ahí que después del fordísmo no haya nada. Las luchas ideológicas públicas desaparecen, crece el relativismo y el consumo, la comodidad sale de casa y mientras más gozas mejor. La idea es muy sencilla, vive, prepárate, estudia algo, lo que sea, pero algo, trabaja lo suficiente para no estar mal, paga la hipoteca, el coche, y tráenos a tus hijos para conducirlos por la misma dinámica académica/de consumo, el status quo no se puede perder, ellos luego pelearan por nada, mantendrán la nada viva, y se manifestarán para que nada no cambie. Es el mensaje de Orange, “lo quiero todo y lo quiero ya”. Sin más, da igual si eres un ministro bolivariano por las mañanas, y el dueño de dos discotecas y varios coches de lujo por la noche. Esta dinámica perpetúa la idea de la fases de desarrollo, da igual lo que quieras hacer y lo que hagas en tu casa, el ámbito público, en el de los hombres, eres aquel que tienes que ser, todos vamos a realizar lo mismo, premiemos el matrimonio, fiscalicemos la natalidad, lo importante es que todos “queremos” lo mismo. La maldita burguesía. Además si te sientes mal no hay nada como apadrinar un niño, o donar tu ropa vieja y pasada de moda, o incluso rezar. En definitiva la era postmoderna es otra demostración de la capacidad del capitalismo para camuflarse entre las corrientes de experiencia de la humanidad e imperar en todo lo que se le acerca, el rey midas no muere, sólo se enferma de vez en cuando, mientras tanto nos queda follar, beber y bailar hasta que el cuerpo aguante, no tenemos mayos del 69, ni transiciones, ni movimiento, tenemos, las pastillas, la play, a Jena Jamenson y sus amigas y un par de partidos de fútbol, la nada.
Ahí es donde Beatriz Preciado acierta, las fuerzas de trabajo obrero son los anos universalmente receptores de las pelis porno. No hay mayor diferencia. Cuando un inmigrante latinoamericano viene desde su país a trabajar a Europa sabe, y si no lo sabe lo sabrá al poco tiempo, la que le espera. La ilusión cristiana del sacrificio es su bandera, sabe que le van a dar, pero entiende y asume que es lo que le toca. Toda la fuerza de trabajo obrera inmigrante es un culo esperando a ser penetrado repetidas veces. La pornificación del trabajo, asociada a su femenización, de la que nos habla Beatriz Preciado, hace énfasis en cómo la división social del trabajo y la distribución de las relaciones laborales se da en clave porno. O somos la polla siempre fuerte y en potenia gaudendi, o ese ano siempre abierto y complaciente, siempre femenino en términos sexuales y siempre en primer plano de la toma.
Esto se une con la potencia de la industria farmacológica, y lo que ello implica en la configuración de las subjetividades. Un hombre, o un nacido hombre, lo que Preciado llama bio-hombre, va configurando su posición, entre otras cosas, gracias a los roles asignados, a la performance que lleve a cabo, masculina o femenina, sino ya dispondrá de fármacos suficientes para arreglarlo. Todo se traduce al goce, las drogas de diseño se venden en las discotecas, para, en teoría “pasarlo bien”, en la discoteca también se venden los cuerpos, las mujeres van cual más arreglada y cuan más sugerentes también, los chicos consumirán esas productos, drogas y cuerpos, y si no ya están las putas que para algo les pagamos. Toda la dinámica del goce se apoya en la capacidad del porno de hacerte disfrutar, aún cuando no lo quieras. Los fármacos intentan lo mismo con distintos resultados, de entrada tiene que ingerirse, pero la plataforma de venta de las mismas no imposibilitan en absoluta su venta, todo lo contrario. Toda chica moderna que se precie toma la píldora, incluso con el convencimiento de que les regula el ciclo menstrual y que le viene menos y mejor la regla, sin embargo son esclavas de un calendario férreo de pastillas, que de no cumplirse, no hay goce.
Los hombres por su parte toman esteroides en los gimnasios para estar más fuertes, más músculos, más todo, más porno. El look de ambos, chico del gimnasio y actor porno, no son especialmente distinto, pero ambos van a gozar. Sin embargo esto tiene una dimensión política de clases muy interesante. En países como Argelia o Rumania, nacen un volumen considerable de lo que en el futuro serán las putas de Europa, sin embargo también hay un grupo considerable de estrellas de fútbol quienes deleitarán a los mismos hombres que las putas pero por motivos muy distintos y lo que es más importante, con nivel de prestigio, reconocimiento y remuneración totalmente opuestos. Dos chicos que fueron vecinos en su Argel natal, son ahora caras de monedas distintas y mundos distintos, son el centro y al periferia explotados, ambos venden su cuerpo y las capacidades que el mismo tiene, pero nunca igual, nunca igual.Hablábamos antes de de la feminización del trabajo. Hasta hace cuarenta años las mujeres tenían unos roles definidos de antemano que les mantenían en el ámbito doméstico, la casa, la crianza, el cuidado, mientras el hombre está allí fuera, cazando, trabajando, y sobre todo siendo remunerado. Con la incorporación ya masiva de la mujer al mercado de trabajo las distinciones entre sus funciones públicas las privadas parece confusa. Sigue realizando las tareas en lo doméstico, en lo privado, pero comienza a formar parte del ámbito público. Para ello tiene que performarse como un hombre, chaqueta y pantalón, cara de zorra desarrollar a la trepa que lleva dentro, si en el camino hay que comerse alguna polla, pues nada. Si no quiere esta alternativa de ejecutiva agresiva, le quedan los trabajos infravalorados, maestra de guardería, limpiadora, cuidadora de ancianos, es decir trabajos que representan su antiguo papel doméstico en la esfera pública. Ahí están las putas y las cuidadoras, ambas realizando la función marginal, periférica y penetrable, al igual que el obrero emigrante, son lo que Beatriz Preciado da en llamar el proceso de pornifiación del trabajo.
No es posible hacer un análisis del estado del capitalismo sólo el clave politicofarmacopornográfico, es cierto que es un tema clave en la distribución del trabajo y las relaciones de jerarquía entre hombre-mujer, hombre banco-emigrante, etc., pero encontramos otros factores tanto geopolíticos como meramente sociales que también dan respuesta a la situación actual. La historia de las relaciones centro-periferia, las dinámicas de dominación y dependencia, los modelos fordista, postfordista y la “super” era postmoderna nos hablan una configuración vertical de la geopolítica mundial. El norte es el norte, y está ahí, al norte. Todo lo demás viene después. Siempre tendremos algún protestante webberiano o Paris Hilton neowebberiano que nos sirva como modelo para explicar la dinámica de trabajo del capitalismo. Y es que la cuestión es que siempre tenemos capitalismo, de ahí la importancia del giro a la izquierda que se produce en América Latina, y cómo Estados Unidos tienen la necesidad de plantarles cara por que amenazan lo más valioso, el sistema. “There ‘ll be nobody messing whit the sistem” (No habrá nadie “jodiendo” al sistema), parece ser la consigna, sin embargo el sistema debe ser desafiado. Las fuerzas políticas han de valerse del análisis para convertirlo en acción política transformadora. No se trata solamente de cambiar o acabar con el capitalismo, se trata de plantear alternativas sostenibles y libres de acción. No parece mal momento, pero ya se verá, por ahora enhorabuena a Pepe Mujica, las fronteras de la izquierda se amplían.


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