lunes, 15 de febrero de 2010

La Exclusión como clave política Moderna.

Las masas sociales organizadas o al menos con capacidad para ello, se han compartimentado y subdividido en clases. Por encima de la industrialización y los procesos de creación del proletariado industrial, los distintos sistemas políticos han hecho estas divisiones. Los griegos tenían distintos tipos de clasificaciones de los hombres, gobernantes, guerreros, y el resto; o los romanos con la distinción entre populus y plebes, o el pueblo bajo y el alto del Medioevo.
Queda manifiesta la dinámica de separación social entre, los de arriba y los de abajo, norte y sur, el uno frente al otro, distinto de aquel y generalmente peor, ya se sabe, no hay hombre peor si no hay otro mejor. Sin embargo la revolución francesa realiza modificaciones en esta dinámica que traería consecuencias importantes, entre ellas la exclusión social (entendiendo como social toda la dimensión político-económica y sociológica) moderna. La libertad, hermandad y fraternidad francesas implica que aquellos que están o estaban abajo tienen o quieren tener ahora lo mismo o la mismas posibilidades de adquirirlo que el resto. Libertad, de mercado y de propiedad, hermandad, si somos hermanos podremos formar parte todos (en las mismas condiciones) de los beneficios del sistema actual, fraternidad, además participar en complicidad y “arrimando el hombro”. Esto evidentemente no es así.
Todos los beneficios del Estado de Bienestar están relacionados con estos valores. Bienestar. Hace referencia a la capacidad que tiene el Estado como miembro central de la vida económica del país, de proporcionar bienestar a sus habitantes. Estaremos bien, todos. Podremos comprar coches, pisos, casas de la playa, seguros, ropa, podremos viajar libremente por el continente. Podremos incluso trabajar. Aunque no todos por igual. Habrá quien trabaje mejor y quien lo haga peor, en términos económicos. Lo que repercutirá en su capacidad de “estar bien”, sin embargo la idea es que TODOS estemos bien. ¿Cómo podremos hacerlo? Pues aquellos que no lo logren se hipotecarán lo suficiente para lograrlo. Si usted no gana lo suficiente, pídale al banco. Lo que parece estar claro es que el coche, la casa y el piso de la playa te los vas a comprar, te alcance o no.
Todo esto se mantiene y respalda a través del sistema jurídico. España es un Estado social democrático de Derecho, lo que significa que obedece a un orden jurídico sólido donde el territorio, los ciudadanos (su vida misma desde el nacimiento, la nuda vida) esta salvaguardada y delimitada por la ley.
Ahora bien, en la dinámica de clases (arriba y abajo), no es comprensible que todos tengan las mismas posibilidades. Los lineamientos democráticos europeos hablan de oportunidades. Nos referimos aquí a posibilidades ya que las oportunidades son un concepto más amplio y ambiguo, que entra prácticamente en el mundo de las ideas. Hablamos de posibilidades por que entran en el plano de lo posible. El señor burgués hace tiempo que no puede hacer la vista gorda a las lacras sociales muriéndose en las esquinas, porque desde antes de la declaración de los derechos humanos que aquel que se muere es considerado un igual. Y esto se ido ampliando, ahora, en la sociedad global, no sólo el compatriota que se muere es un igual, resulta que aquel viejo esclavo de las Antillas, y los indígenas del amazonas son un igual. ¿Cómo es esto? Están obligados por ley a reconocerlos por igual en aquellos espacios donde dicha ley actúe. Por mucho que les duela a los falangistas, un banco español le dará un crédito igual de grande a uno de Valladolid que a otro de Cuzco (quizá se lo da con más ganas al de Cuzco quien posiblemente tarde el más en pagar). Y esto así no por deseo del banco, sino por las definiciones de Estado de Bienestar.
Pero, ¿Qué hay de los lugares donde la ley no llega?, ¿Cómo hacemos para tratar como igual, a quien allí donde nos encontramos no es, legalmente igual a nosotros? Si no hay Leviatán no hay hombres. Sólo lobos contra lobos. El Estado, a pesar que legitima la dinámica de clases, funciona como filtro para frenar los abusos de las fuerzas que ejercen los de arriba sobre los de abajo (aunque como “individuo” sea capaz de tomar esa actitud ante otros Estados menos poderosos). Cuando en ciertas zonas Latinoamérica la policía o alguna banda armada logra hacer “lo que le da gana” es porque la ley se lo permite, y cuando un país crea una cárcel y sin juicio ni evidencia mayor que la sospecha, encarcela a hombres y los somete a tortura es porque la ley se lo permite. Así lo hicieron los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y así lo hacen los americanos en Guantánamo y los israelíes en Palestina.
Estos campos de concentración crean a su vez dos dinámicas. Primero se convierten en consumidores de los excedentes de producción del sistema que les gobierne, y por otra parte, que es más importante, crean una identidad de pueblo frente a quien le tortura. Cuando hablamos del pueblo judío no podemos dejar de pensar en la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día los palestinos, un pueblo desposeído de su tierra es pueblo. Los presos de Guantánamo forman todos parte de lo que sus captores llaman terroristas. Se crea así una clase (en términos marxista) frente a las otras clases, los otros pueblos “libres”. No somos iguales a los palestinos, ni a los judíos de mediados del siglo pasado, ni hablar de los presos.
El problema esta entonces que los campos de concentración son la solución moderna a los problemas de la Revolución Francesa. Hoy en día todo el 3er mundo es un enorme campo de concentración, donde los grandes Estados nacionales recogen los recursos que les interesa, (con la mayor impunidad legal), compran y venden los excedentes de su producción y disponen o deponen de sus ciudadanos según les convenga.
No es casualidad que americanos y alemanes hayan localizado sus campos fuera de sus fronteras. Los espacios deslegalizados no pueden configurarse dentro del Estado Nación, por eso las fábricas de Nike y Adidas están en Asia, no sólo porque es más barato producir allí, sino por que eliminan la igualdad de clases respecto a esto (quienes se convierten en los obreros del mundo, un pueblo) y además operan con las débiles leyes laborales de la zona. Han conseguido volver a la situación de principios del Siglo XVIII, el adinerado o aristócrata no conocía la situación de aquel que se moría, porque sencillamente no era nadie. Hoy en día quedamos exculpados de la situación de esas fábricas, de esos presos, de esos palestinos, puesto que no sabemos. Están allí, lejos, son otro pueblo, con otras leyes, o no leyes generalmente distintos a nosotros (lo que significa inferiores en términos de clases) y que nos horrorizan cuando nos enteramos de su situación. Pues estamos como el pueblo alemán en al segunda guerra mundial, la ignorancia no es un argumento. Los campos de concentración existen, por todo el mundo (salvo Occidente desarrollado) y de no producirse cambios en la organización política y de producción capitalista, poco a poco irán creciendo. Siguen los mismos presos, ayer en Auschwitz, hoy en Palestina, mañana en cualquier lugar de la periferia del capitalismo.

El impacto de los “neo-cons” en la política exterior de Bush a partir del 11-S y su relación con la crisis hegemónica de los Estados Unidos.

A lo largo de la historia la palabra imperio aparece en el mapa geopolítico. Romanos, austro-húngaros o incluso otomanos, todos ellos sistemas políticos-económicos europeos totalizadores y totalizantes, capaces de conducir a naciones y pueblos hacia el bien de un interés general que trae consigo un interés particular claro y favorecedor para el imperio en cuestión.
También se han llevado a cabo, en ese mismo mapa geopolítico, campañas imperiales de reparto territorial. Tras el descubrimiento de América, sumidos en la dinámica de dominación y dependencia colonial, ingleses, portugueses, franceses y españoles, se dividían África y el Nuevo Mundo. Éstos eran territorios nuevos donde expandir sus relaciones comerciales, culturales y políticas, en definitiva, donde expandir su poder.
Sin embargo en el Siglo XX no encontramos una figura imperial destacable en Europa, ni en el resto del mundo. La Primera Guerra Mundial refuerza a Estados Unidos y a sus aliados en el panorama internacional, frente a una Europa devastada, los norteamericanos se configuraban como una gran potencia mundial. Tras la Segunda Guerra Mundial, se confirma el papel hegemónico de Estados Unidos dentro de la comunidad internacional, sin olvidar a La Unión Soviética como competidor directo por el poder global. Las guerras de Corea, Vietnam y la Guerra Fría le permiten a Estados Unidos extender su poder, hasta conformarse como la gran superpotencia hegemónica unipolar, tal y como defendían autores neorrealistas, Gilpin hablaba de afianzar la estabilidad económica a través de una fuerte potencia hegemónica que jugase en solitario. Eso lo consiguen con el debilitamiento de la Unión Soviética y la “victoria” tras la guerra Fría.
Sin embargo hasta entonces se evita a hablar,(a definir la situación en realidad) de imperialismo, ya que la gran superpotencia no ha hecho uso de su “derecho”, poder y capacidad de extensión de fronteras en el mundo, aunque sí ha extendido sus intereses y ha utilizado sus influencias y capacidades de presión para alcanzar sus intereses internacionales. Y es que si tomamos como referencia el concepto de imperio acuñado por Arrighi, quien define el imperialismo como: “ es una extensión o imposición del poder, autoridad o influencia de un Estado sobre otros Estados o pueblos sin Estado”. El imperialismo ha existido desde hace mucho, sin embargo su forma tradicional, implica la imposición y aumento de los límites geográficos del Estado imperial, sobre sus competidores u oponentes quienes no pueden hacer frente al despliegue bélico del imperio. Es quizá por ello que Harvey introduce el concepto de “imperialismo capitalista”, con el que intenta definir un imperio que en cuanto tal, se ocupa tanto de defender sus intereses y alcanzar objetivos planetarios gracias a su capacidad de diplomacia y política de poder, como a mantener los procesos de acumulación de capital espacio-temporales a escala global. Aún que contradictorias, estas dos dimensiones, irreductibles entre sí, explican por qué hasta la llegada de los neoconservadores de Bush y el catastrófico y oportuno ataque del 11 de septiembre no nos atrevíamos a hablar de Imperio.
Esta es la meta de los “neo-cons” de la administración Bush. El mantenimiento de la hegemonía y el poder, implica salvaguardar el malherido sistema económico nacional, agotando y endeudando, las reservas federales, y aumentando el capital y el beneficio, a través de la producción de espacios. Es fundamental para el capitalismo norteamericano producir espacios donde dar solución al capitalismo; en estos espacios logra deshacerse de la sobreproducción, a la par que crea producción capitalista que consume y solicita más producción por parte del país dominante. Por otra parte el clima interior de Estados Unidos no es el mejor, el individualismo impide “cohesionar” a la población para abanderar el proyecto neoconservador imperial.
Así el 11-S es el puente que permite a la administración Bush cruzar la frontera entre poder hegemónico y poder imperial. Con la invasión a Irak no sólo controlan un territorio clave de Asia central, a su vez, con el discurso del miedo (siempre tan efectivo) legitiman públicamente ante sus ciudadanos la puesta en marcha de la “guerra preventiva”, también controlan una zona fundamental en las relaciones económicas con Asia y supervisan desde cerca a Irán y Siria que son objetivos más suculentos, por otra parte se apoderan de un enclave estratégico en caso de tener que hacerle frente al eje Alemania-Francia-Rusia-China, que amenaza la hegemonía del hogar del tío Sam.
Lo que comenzó como un proyecto de mantenimiento de la hegemonía y expansión del poder imperio-capitalista de una vez por todas, con las quimeras del destino manifiesto y la promesa del Nuevo Siglo Americano, pasaba por asumir un liderazgo donde convergiesen aspectos distributivos y colectivos. Por un lado Estados Unidos ocuparía lo que antes era de otro, en detrimento de éste y por otra parte esa misma acción permitiría que sus aliados, en cooperación, aumentaran el poder sobre terceros, así la comunidad internacional podría apoyar el proyecto, sin embargo el fracaso se debe a la poca cooperación internacional, Estado Unidos no pretende “repartir” el botín, pretende quedárselo y con ello dominar a los demás. El dominio territorial sobre Irak, implica el dominio imperial sobre el resto de potencias.
Así Estados Unidos no sólo no consigue lo que busca, sino que sale debilitada del conflicto. La administración Bush perdió el control en territorio iraquí, las bajas de soldados comenzaron a poner en duda la operación entre la sociedad norteamericana, la falta de poder y la poca capacidad de desarrollo y producción de espacio, no saca a flote a la economía ni se deshace de toda la sobreproducción. La bandera de la democracia como ideal imperial pierde su color y así Europa y especialmente China, cobran poder económico y recuperan poder político en la escena internacional, la hegemonía se apaga, la crisis estalla y el pueblo americano tiene que decidir entre una mujer y un negro para intentar recuperar lo perdido con los neo-conservadores de Bush. Lo nunca visto.

viernes, 12 de febrero de 2010

Latinoamerica Global


Desde los diarios españoles nos enteramos que un ex guerrillero uruguayo ha ganada las elecciones. O que un tal Porfirio Lobo es el nuevo y flamante presidente de Honduras. La perspectiva de análisis de los acontecimientos que se suceden en América Latina parece el mismo. Hay unos tíos malos malísimos y otros malos buenísimos y se están de aquí para allá, esperando alcanzar cotas más altas de desarrollo capitalista para poder hacer frente a las potencias europeas y su libre mercado. Hemos de suponer pues que Evo Morales es el Cromwell boliviano, acabando con la monarquía oligárquica, o Brasil está a punto de descubrir las ventajas del textil y el carbón y sus posibilidades de plusvalía y explotación. Claro que para ello habría que descubrir una nueva América o Huguérica (si la descubre Chávez) a la que explotar y sobre la cual basar el modelo de crecimiento y expansión imperial de la nueva América Latína. Pero claro esto sigue la misma dinámica, porque al mismo tiempo Europa y Estados Unidos siguen avanzando, con lo que mantienen su posición preferente en las relaciones con la viejas colonias de ultramar.
Otra más que posible alternativa, o lectura de la situación política, o geopolítica de Latinoamérica se da en clave de dependencia. Las antiguas colonias americanas no están imitando un proceso de desarrollo al estilo europeo, cada cual con sus circunstancias y su historia de dominación y rebelión particular ha alcanzado una configuración política específica, las fuerzas que se mueven en la dinámica de centro, periferia y semiperiferia, las ubican en uno u otro lugar (en el caso latinoamericano en la periferia y la semiperiferia). Así las respectivas apuestas de Uruguay y Honduras respectivamente responden a las necesidades locales periféricas, afectadas por las pequeñas potencias, o colosos que ejercen fuerza en América Latina (principalmente el olímpico Brasil y en cierto grado Venezuela y como siempre Estados Unidos). Porque el juego del reparto político tanto allí como en todo el mundo se da en clave geográfica.
Los análisis del sistema mundo, como los que hace Wallerstein, indican que las potencias hegemónicas son eso, hegemónicas y el vehículo de mantenimiento de esa hegemonía es el liderazgo en defensa, lo que se traduce en capacidad de destrucción, y la administración de la dependencia de otros países. Esto no permite comprender como, y no por casualidad Estados Unidos ha puesto y depuesto presidente a lo largo de Latinoamérica a punta de golpes de Estado. Sin embargo la elección de presidente como Mujica en Uruguay nos establecen un eje geográfica específico Montevideo-La Paz-Brasilia- Caracas (Brasil tiene un carácter más híbrido pero de apoyo al frente de izquierda) frente a otro Bogotá-Tegucigalpa-Washington, defendiendo los intereses imperiales de los norteamericanos. Estos ejes no sólo definen los frentes de batalla política en América, evidencian la pérdida de hegemonía por parte de Estados Unidos y la necesidad de conseguir aliados (casualmente todos cerca geográficamente de Venezuela). Aparentemente Brasil y Venezuela amenazan la “estabilidad” en la zona. Si a eso le sumamos el crecimiento económico de China, la unificación de Europa y la proliferación de economías hasta ahora sumergidas como la India, tenemos como resultado pérdida de peso relativo de Estados Unidos. La política internacional de la administración Bush ayudó mucho a esta pérdida que se viene engendrando desde finales de la guerra fría cuando ya no hay guerra que pelear ni enemigo al que batir ni arma de destrucción masiva que conquistar en nombre de la democracia, hasta que apareció Sadam.
Las cosas van cambiando. Pero no como nos gustaría. A pesar de que Europa no puede hacer uso de sus colonias para vender esclavos africanos y obtener los productos textiles que engrandezcan el imperio, seguimos en un modelo capitalista basado en la acumulación de capital. Acumulación camaleónica que es capaz de mostrarse como proceso de colonización, de industrialización o de postmodernidad, pero siempre capaz de acumular más y más beneficios, cosificando al obrero y engordando a patrón. No son muy diferentes las formas de explotación colonial que industriales, el obrero y sus condiciones (sindicatos, movilizaciones, etc.) nacen en la era industrial, sin embargo el proceso resultado de la actividad laboral misma no ha cambiado desde los inicios del colonialismo. En América Latina las explotaciones y yacimientos de minas de oro y plata en el siglo XVI mantenían a los indios y esclavos bajo las órdenes del yugo español o portugués, o lo que es peor a las órdenes de ese criollo aburguesado enamorado del brillo del oro en la prendas de los colonos.
Hoy esto pasa en la fábrica, el obrero ya no es lo que era, ahora parece “gozar” de libertades sindicales y condiciones de trabajo más flexibles (gracias entre otras cosas la flexibilidad del mercado de trabajo y la femenización del mismo) y beneficios personales. Cuando en realidad sigue manteniendo la máquina bien engrasada a ritmos trepidantes, con pequeños destellos de poder al asociarse y vuelta a empezar, “un culo, una pieza”, no hay más.
Ya no sufrimos el hermetismo fordista de producción. El postfordismo ha interpretado las claves de distribución del trabajo en función, ya no al nivel de producción, sino al nivel de beneficio de la misma. No importa las horas de trabajo que eches, sino el proceso cognositivo asociado a las mismas. El trabajo de un alto ejecutivo no está mejor pagado en función que haga más horas, sino en el conocimiento asociado a sus funciones y la capacidad que tiene el patrón (porque hasta ellos tienen patrón) de rentabilizar una y otra vez esas ideas, ese conocimiento, sin necesidad que el obrero/ejecutivo, se mantenga allí echando más horas. Las paredes del obrero ecuatoriano son sólo paredes, se venderán al 1000% de lo que han costado, pero sólo una vez, las ideas del ejecutivo no paran de venderse, notarios, patentes, firmas, marketing, toda una fabrica preparada para sacar adelante el producto, se materializan las ideas, se venden y revenden, beneficio y beneficio, mientras el autor contento porque tiene tiempo para gozar.
De ahí que después del fordísmo no haya nada. Las luchas ideológicas públicas desaparecen, crece el relativismo y el consumo, la comodidad sale de casa y mientras más gozas mejor. La idea es muy sencilla, vive, prepárate, estudia algo, lo que sea, pero algo, trabaja lo suficiente para no estar mal, paga la hipoteca, el coche, y tráenos a tus hijos para conducirlos por la misma dinámica académica/de consumo, el status quo no se puede perder, ellos luego pelearan por nada, mantendrán la nada viva, y se manifestarán para que nada no cambie. Es el mensaje de Orange, “lo quiero todo y lo quiero ya”. Sin más, da igual si eres un ministro bolivariano por las mañanas, y el dueño de dos discotecas y varios coches de lujo por la noche. Esta dinámica perpetúa la idea de la fases de desarrollo, da igual lo que quieras hacer y lo que hagas en tu casa, el ámbito público, en el de los hombres, eres aquel que tienes que ser, todos vamos a realizar lo mismo, premiemos el matrimonio, fiscalicemos la natalidad, lo importante es que todos “queremos” lo mismo. La maldita burguesía. Además si te sientes mal no hay nada como apadrinar un niño, o donar tu ropa vieja y pasada de moda, o incluso rezar. En definitiva la era postmoderna es otra demostración de la capacidad del capitalismo para camuflarse entre las corrientes de experiencia de la humanidad e imperar en todo lo que se le acerca, el rey midas no muere, sólo se enferma de vez en cuando, mientras tanto nos queda follar, beber y bailar hasta que el cuerpo aguante, no tenemos mayos del 69, ni transiciones, ni movimiento, tenemos, las pastillas, la play, a Jena Jamenson y sus amigas y un par de partidos de fútbol, la nada.
Ahí es donde Beatriz Preciado acierta, las fuerzas de trabajo obrero son los anos universalmente receptores de las pelis porno. No hay mayor diferencia. Cuando un inmigrante latinoamericano viene desde su país a trabajar a Europa sabe, y si no lo sabe lo sabrá al poco tiempo, la que le espera. La ilusión cristiana del sacrificio es su bandera, sabe que le van a dar, pero entiende y asume que es lo que le toca. Toda la fuerza de trabajo obrera inmigrante es un culo esperando a ser penetrado repetidas veces. La pornificación del trabajo, asociada a su femenización, de la que nos habla Beatriz Preciado, hace énfasis en cómo la división social del trabajo y la distribución de las relaciones laborales se da en clave porno. O somos la polla siempre fuerte y en potenia gaudendi, o ese ano siempre abierto y complaciente, siempre femenino en términos sexuales y siempre en primer plano de la toma.
Esto se une con la potencia de la industria farmacológica, y lo que ello implica en la configuración de las subjetividades. Un hombre, o un nacido hombre, lo que Preciado llama bio-hombre, va configurando su posición, entre otras cosas, gracias a los roles asignados, a la performance que lleve a cabo, masculina o femenina, sino ya dispondrá de fármacos suficientes para arreglarlo. Todo se traduce al goce, las drogas de diseño se venden en las discotecas, para, en teoría “pasarlo bien”, en la discoteca también se venden los cuerpos, las mujeres van cual más arreglada y cuan más sugerentes también, los chicos consumirán esas productos, drogas y cuerpos, y si no ya están las putas que para algo les pagamos. Toda la dinámica del goce se apoya en la capacidad del porno de hacerte disfrutar, aún cuando no lo quieras. Los fármacos intentan lo mismo con distintos resultados, de entrada tiene que ingerirse, pero la plataforma de venta de las mismas no imposibilitan en absoluta su venta, todo lo contrario. Toda chica moderna que se precie toma la píldora, incluso con el convencimiento de que les regula el ciclo menstrual y que le viene menos y mejor la regla, sin embargo son esclavas de un calendario férreo de pastillas, que de no cumplirse, no hay goce.
Los hombres por su parte toman esteroides en los gimnasios para estar más fuertes, más músculos, más todo, más porno. El look de ambos, chico del gimnasio y actor porno, no son especialmente distinto, pero ambos van a gozar. Sin embargo esto tiene una dimensión política de clases muy interesante. En países como Argelia o Rumania, nacen un volumen considerable de lo que en el futuro serán las putas de Europa, sin embargo también hay un grupo considerable de estrellas de fútbol quienes deleitarán a los mismos hombres que las putas pero por motivos muy distintos y lo que es más importante, con nivel de prestigio, reconocimiento y remuneración totalmente opuestos. Dos chicos que fueron vecinos en su Argel natal, son ahora caras de monedas distintas y mundos distintos, son el centro y al periferia explotados, ambos venden su cuerpo y las capacidades que el mismo tiene, pero nunca igual, nunca igual.
Hablábamos antes de de la feminización del trabajo. Hasta hace cuarenta años las mujeres tenían unos roles definidos de antemano que les mantenían en el ámbito doméstico, la casa, la crianza, el cuidado, mientras el hombre está allí fuera, cazando, trabajando, y sobre todo siendo remunerado. Con la incorporación ya masiva de la mujer al mercado de trabajo las distinciones entre sus funciones públicas las privadas parece confusa. Sigue realizando las tareas en lo doméstico, en lo privado, pero comienza a formar parte del ámbito público. Para ello tiene que performarse como un hombre, chaqueta y pantalón, cara de zorra desarrollar a la trepa que lleva dentro, si en el camino hay que comerse alguna polla, pues nada. Si no quiere esta alternativa de ejecutiva agresiva, le quedan los trabajos infravalorados, maestra de guardería, limpiadora, cuidadora de ancianos, es decir trabajos que representan su antiguo papel doméstico en la esfera pública. Ahí están las putas y las cuidadoras, ambas realizando la función marginal, periférica y penetrable, al igual que el obrero emigrante, son lo que Beatriz Preciado da en llamar el proceso de pornifiación del trabajo.
No es posible hacer un análisis del estado del capitalismo sólo el clave politicofarmacopornográfico, es cierto que es un tema clave en la distribución del trabajo y las relaciones de jerarquía entre hombre-mujer, hombre banco-emigrante, etc., pero encontramos otros factores tanto geopolíticos como meramente sociales que también dan respuesta a la situación actual. La historia de las relaciones centro-periferia, las dinámicas de dominación y dependencia, los modelos fordista, postfordista y la “super” era postmoderna nos hablan una configuración vertical de la geopolítica mundial. El norte es el norte, y está ahí, al norte. Todo lo demás viene después. Siempre tendremos algún protestante webberiano o Paris Hilton neowebberiano que nos sirva como modelo para explicar la dinámica de trabajo del capitalismo. Y es que la cuestión es que siempre tenemos capitalismo, de ahí la importancia del giro a la izquierda que se produce en América Latina, y cómo Estados Unidos tienen la necesidad de plantarles cara por que amenazan lo más valioso, el sistema. “There ‘ll be nobody messing whit the sistem” (No habrá nadie “jodiendo” al sistema), parece ser la consigna, sin embargo el sistema debe ser desafiado. Las fuerzas políticas han de valerse del análisis para convertirlo en acción política transformadora. No se trata solamente de cambiar o acabar con el capitalismo, se trata de plantear alternativas sostenibles y libres de acción. No parece mal momento, pero ya se verá, por ahora enhorabuena a Pepe Mujica, las fronteras de la izquierda se amplían.